domingo, 12 de enero de 2014

Crocker´s search



Recuerdo cuando leí hace más de un año la noticia de un chico norteamericano que había viajado a Irlanda para tratar de encontrar a una joven a quien sólo había conocido por unos minutos en un viaje anterior. El muchacho, al parecer, no dejaba de pensar en aquella chica pelirroja y pecosa con quien había conversado en un café. La historia hablaba de una profunda mirada que él no podía olvidar. Me pareció un hecho tan hermoso, tan cursi, con lo que me encanta lo cursi, que hasta empecé un relato que quedó inacabado.
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Hoy me encontré de nuevo con esa noticia, ya no sé ni cómo, la encontré en esta suerte de trampolín inagotable que es Internet. De un sitio a otro,  me tropecé de nuevo con Sandy Crocker y entonces me puse a averiguar si aquello se había resuelto felizmente. Eché mano al inglés hasta que encontré la respuesta en un periódico online norteamericano. El muchacho había vuelto a su país sin encontrar a la chica de mirada sincera que le había hecho viajar 5000 kilómetros, y volvía a ofrecer una entrevista diciendo que se lo había pasado "muy bien en sus vacaciones”. Un chasco me pareció, y si el muchacho tuvo su encanto en un principio lo perdió de un solo golpe.

Y como los domingos a veces se parecen a internet, que uno hace esto, aquello y vuelve a lo otro, después de saber el resultado de la búsqueda me acordé de un poema extraordinario y no paré hasta encontrarlo. Aquí se los dejo, porque concuerda perfectamente con este asunto.

Carta XXXII

mi querida: en los hombres no se puede
confiar
ellos en una ciudad desconocida
no sabrían cómo encontrarnos
en cambio nosotras
persistentes y sin resignación
haríamos de la búsqueda un destino
                        (Liliana Lukin)


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